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Es habitual creer que la flexibilidad se tiene o no se tiene y que hay que resignarse a un estado permanente. Pero lo cierto, es que esta puede trabajarse y, de hecho, los resultados pueden ser realmente sorprendentes. Descubre los siguientes ejercicios para ganar flexibilidad y deja de sentirte como un tronco en tu día a día.

La necesidad de ganar flexibilidad

En muchas ocasiones nos preocupamos por ejercitar nuestro cuerpo centrándonos en la tonificación de la musculatura y su fortalecimiento. Esto es una decisión muy acertada, ya que unos músculos fuertes y trabajados actúan como escudo ante muchos factores perjudiciales y nos protegen. No obstante, no debemos olvidar otros aspectos que también son fundamentales para nuestra salud, bienestar y forma física.

Trabajar en beneficio a ganar flexibilidad, no solo es posible sino que nunca es tarde para hacerlo. Ves otras personas súper flexibles y tú te conformas con nos poder tocar la punta de tus pies con las manos. Mejorar en este sentido es necesario. Y es que mejorar la elasticidad de músculos y articulaciones previene muchas dolencias, te aporta una mayor comodidad y te convierte en alguien más capaz y funcional en el día a día.

5 Ejercicios para ganar flexibilidad

  • Siéntate sobre la esterilla con las piernas juntas y estiradas hacia delante. Alarga la espalda y también los brazos sobre tu cabeza. Toma aire profundamente y al exhalar déjate caer sobre las piernas. No te preocupes si no llegas a tocar las puntas de tus pies. Relájate y aguanta unos minutos. Las rodillas deben permanecer estiradas. Si consigues relajarte y centrarte en la respiración profunda, observarás cómo en cada exhalación tu cuerpo va estando cada vez más cerca de tus piernas. Transcurridos unos minutos redondea la columna vértebra a vértebra y vuelve a la posición inicial para repetir.
  • Cuando hayas terminado las repeticiones del ejercicio anterior, tal y como estás, abre las piernas lo que puedas y vuelve a bajar el tronco. Apoya las manos tan lejos como puedas con los codos estirados y, de nuevo, aguanta la barrera de la resistencia inicial y relájate. Piensa en cosas agradables, medita, distráete de manera que la respiración vaya empujando tu cuerpo hacia el suelo. Aunque creas que nunca podrás mejorar esa rigidez que sientes, te aseguramos de que te sorprenderás de tu evolución. Vuelve a la posición inicial con la espalda estirada y las piernas abiertas.

  • Ahora alarga el brazo derecho y llévalo sobre tu cabeza hacia el pie izquierdo. Debes abrir el pecho y llevar la mirada hacia el techo. No te arrugues hacia el suelo, ni dejes caer tu hombro. Aguanta en el punto en el que te encuentres, con la intención de alcanzar tu pie. Cambia de lado y haz seis repeticiones alternando un lado y otro.
  • Colócate de rodillas sobre la esterilla y lleva glúteos a talones. Deja caer el torso hacia el suelo y alarga los brazos hacia delante. En yoga se conoce como la postura del niño y es muy buena para trabajar la espalda. Relájate en esta posición y toma unas cuantas respiraciones profundas.
  • Túmbate boca abajo y termina tu rutina de ejercicios para ganar flexibilidad con la conocida postura de la cobra. Con el cuerpo alargado, apoya las palmas de las manos junto a los hombros y empuja elevando el torso todo lo que puedas. Cuidado con subir los hombros, estos deben mantenerse bien colocados.

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