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Cuando la grasa contenida en los alimentos ingresa en nuestro cuerpo, éste debe encargarse de transportarla por la sangre y de ahí a diferentes tejidos del organismo para realizar sus funciones. Lo que ocurre es que esas grasas de los alimentos no pueden transportarse por la sangre por sí solas. Necesitan de otras sustancias para poder hacerlo, como son algunas proteínas y otras sustancias llamadas fosfolípidos.
Esta combinación de grasas y “esas sustancias que la ayudan a circular por la sangre” se denomina lipoproteínas; y al haber tantas combinaciones, existen varios tipos de lipoproteínas, dentro de las cuales unas pesan más que otras.
Las lipoproteínas menos pesadas son las llamadas LDL, “de baja densidad” o “colesterol malo”. En cambio, las más pesadas, son las llamadas HDL, “de alta densidad” o “colesterol bueno”.

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Pero… ¿por qué buenas o malas?

A las lipoproteínas de alta densidad o HDL se le llama colesterol bueno porque contienen más proteínas que grasas, recolectan el colesterol y grasas que se encuentra en la sangre y lo llevan al hígado, para así evitar que se acumulen en las arterias y produzcan, por ejemplo, infartos. Por así decirlo, “limpian” la sangre de grasa acumulada.
A las lipoproteínas de baja densidad o LDL se les llama colesterol malo porque contienen más grasa que proteínas, si se encuentran en exceso, pueden acumularse en las paredes de venas y arterias y no moverse de ahí, con el peligro que conlleva (infartos de miocardio, ICTUS…).
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Pero ¡ojo!, el “colesterol malo” hay que mantenerlo entre unos límites, no hay que eliminarlo del organismo, ya que realiza funciones vitales para nuestro cuerpo. Esto se realiza a través de la alimentación y el ejercicio físico; en el caso de que con estas medidas no sea posible mantenerlo entre esos límites y se encuentre elevado, podría ser necesario tomar algún medicamento que lo disminuya.
Por estas razones, se debe intentar tener una proporción mayor de “colesterol bueno” que de “colesterol malo”, ¿cómo conseguimos esto?

  • Moderando el consumo de grasas, prefiriendo las grasas de origen vegetal en lugar de las de origen animal.
  • Realizando ejercicio físico.
  • Incluyendo en nuestra dieta todos los macronutrientes (hidratos de carbono, grasas buenas y proteínas).
  • Consumiendo frutas y verduras y alimentos ricos en ácidos grasos omega 3.
  • Manteniendo un peso saludable.

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Autora: Alba Sierra Medina @myfitnesschaos

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