A menudo te recordamos que una herramienta indispensable para lograr los objetivos es una actitud positiva que te acompañe en los momentos altos y bajos del proceso. Y es que sea cual sea tu meta (mejorar la alimentación, ser constante en una rutina deportiva, materializar un proyecto profesional, mejorar tu salud física y/o mental…) necesitarás echar mano a tu paciencia, comprensión y perseverancia. Ser exigentes y autocríticos forma parte de dicha actitud, pero, ¿crees que la autoexigencia puede ser un problema? La respuesta es “depende” y te contamos por qué. ¡Sigue leyendo!
En primer lugar, debes saber que marcarse objetivos y ser autoexigentes es muy positivo, ya que te permite desarrollar tus aptitudes y te empuja hacia el éxito de tus proyectos. Abrir la mente, visualizar el triunfo, superarse a diario, mejorar, aprender, pretender la excelencia… ¡todo ello es admirable! No obstante, hay ocasiones en las que la autoexigencia puede ser un problema si rebasa el límite y deriva en una falta de comprensión total hacia nosotros mismos. No siempre somos conscientes de que somos excesivamente autoexigentes, pero hay unas señales claras que pueden ser evidencia de ello.
¿Cuándo la autoexigencia puede ser un problema?
Cómo te hablas y qué te dices
Cuando nos hablamos de manera autoritaria y lo que nos decimos a nosotros mismos, lejos de alentarnos, nos desmotiva, nos rebaja o nos incapacita. En esos momentos en los que nos descubrimos recordándonos que “no es suficiente”, que “no lo vamos a lograr”, que lo que tenemos “no es lo que queríamos”, que “ya es tarde”, que “hemos fracasado”… Revisa la manera en la que te hablas y lo que te dices, porque este hecho puede marcar un antes y un después en tu vida.
Destacas los fallos sobre los aciertos
Resaltamos los errores por encima de los aciertos, los fracasos sobre las victorias y no nos permitimos fallar. Nunca olvides que nadie es perfecto y que los errores forman parte del aprendizaje. Estos son, de hecho, los que realmente nos permiten crecer, distinguir lo que queremos de lo que no, definir el objetivo final. Sin errores no hay evolución, así que deja de verlos como algo negativo o frustrante y revisa qué lección puedes extraer de cada uno de ellos.
Te presionas como si fueras un jefe autoritario
Cuando nos presionamos como si fuéramos nuestro peor enemigo y nos decimos constantemente que no lo estamos haciendo bien, no solo se dificulta el logro del objetivo, sino que se hace muy difícil disfrutar del proceso. Si te miraras de forma objetiva, verías todo lo que estás consiguiendo y el verdadero crecimiento. De otra forma, si nada es suficiente y si estás más pendiente de la meta final, vivirás el camino con una frustración continua y, probablemente, con mucho estrés.
El entorno merece tu admiración, pero tú no
Eres capaz de valorar todo lo que consiguen los demás, pero no aprecias de la misma forma lo que tú logras. Sientes que no estás haciendo lo que deberías, que los otros lo ha conseguido y tú no, que ellos están “más felices”, “mejor posicionados”, “más cómodos”, son “más capaces”… Debes saber que si no pones límites a tu autoexigencia, esto te seguirá pasando aunque logres con creces aquello que pretendías. ¿Por qué? Porque nunca nada será exactamente como habías previsto y entonces seguirás pensando que no has llegado a lograrlo.
¿Qué hacer para que la autoexigencia no sea un problema?
Si te sientes identificado con estos escenarios, no te culpes. Todo nace de una intención muy buena por desarrollar tus habilidades. No obstante, no lo estás haciendo de una manera productiva ni respetando tus tiempos y experiencias. Intenta que tus expectativas no superen los límites de la realidad. Visualizarte consiguiéndolo es muy positivo, pero no trates de diseñar planes perfectos ni fantasías inalcanzables, de lo contrario no es raro que caigas en la insatisfacción.
Marca objetivos a corto plazo que te conduzcan a lo que deseas, teniendo en cuenta que habrá contratiempos y adversidades, pero también victorias inesperadas. Escribe tus avances, obsérvate con realismo, cambia aquello que no te hace sentir bien. Pero, sobre todo, háblate con cariño, trátate como tratarías a un amigo que está luchando por su objetivo. La autoexigencia puede ser un problema, pero también una perfecta aliada para desarrollar todo tu potencial.
¿Qué cambia cuando nuestra autoexigencia es saludable?
- Nos hablamos con respeto.
- Valoramos nuestros logros, por pequeños que sean.
- Nos sentimos motivados, imaginamos el objetivo y definimos mecanismos para alcanzarlo con satisfacción.
- Nuestras metas son realistas, por lo que llegar a ellas se hace posible.
En Vikika Team queremos ayudarte a conseguir aquello que te propongas. Si tu objetivo gira en torno a un cambio físico, nosotros te ofrecemos mucho más; una transformación integral basada en un cambio de hábitos progresivo que te acercará a tu mejor versión. Contamos, además, con servicio de psicología que te guiará a la hora de romper barreras, superar conflictos y abrazar tus emociones. ¡Descubre nuestros planes!
