¿Sientes hambre real o hambre emocional?

hambre emocional

Seguro que en más de una ocasión has oído hablar del hambre emocional y te has preguntado si tal vez es algo que puedes estar experimentando. En el camino por mejorar el estilo de vida y lograr una dieta equilibrada y saludable nos encontramos con numerosos obstáculos y este puede ser uno de ellos. Por eso, saber reconocer si lo que sentimos es hambre real o hambre emocional puede ayudarnos no solo a conseguir los objetivos físicos, si no a experimentar un mayor bienestar, estabilidad y control de la situación. Te damos algunas claves que pueden ayudarte. ¡Toma nota!

Cada vez, por fortuna, se presta más atención a las emociones y somos capaces de descubrir hacia dónde nos lleva aquello que estamos sintiendo. Esto no solo es muy positivo para encontrarnos bien con nosotros mismos, sino para reconocer ciertos comportamientos y patrones, reorientarlos y recuperar las riendas de nuestras vidas. El hambre emocional puede asemejarse mucho al fisiológico, tanto que para distinguirlo es necesario prestar atención. Este surge como medio para esconder algunas sensaciones incómodas como la insatisfacción, la tristeza o la soledad. Si te sientes identificado, debes saber que el primer paso para recuperar las riendas de tu vida es atender tus propias emociones y ser sincero con ellas. Experimentarlas no siempre es agradable, pero muchas veces es necesario para evolucionar, dejar atrás etapas finalizadas y dar la bienvenida a otras nuevas.

Si crees que puedes estar dejándote llevar por el hambre emocional y con ella dificultando el logro de tus objetivos, presta atención. Hay algunas claves que te ayudarán a identificarla y de esta manera, evitar atracones innecesarios y perjudiciales para ti si se convierten en un constante en tu vida.

¿Hambre real o hambre emocional?

Podemos resumir el hambre real o fisiológico en tres sencillos aspectos:

  1. Es posible controlarse en el momento de la ingesta.
  2. Aparece poco a poco y no es, bajo ningún concepto, impulsiva.
  3. No se antoja un alimento en concreto, puedes saciarte con diferentes alternativas.

 

Al hambre emocional suele precederle un sentimiento de tristeza, irritación, aburrimiento, enfado, frustración, impaciencia… Así, se busca la comida como medio para relajarse, calmar o tapar esas emociones. Como consecuencia, suele seguirle un sentimiento de culpa posterior a la ingesta y nada placentero más allá del instante del consumo. También podemos extraer tres claves que la identificarían:

  1. Dificultad para sentirse saciado.
  2. Aparece de forma repentina y suele antojarse un tipo de comida concreto, casi siempre ultraprocesados en lugar de alimentos reales.
  3. Digestiones difíciles y poco orgánicas.

El primer paso para poner fin a ello, es tener claro que esto puede solucionarse. Ahora bien, si realmente se quiere y se apuesta por una actitud positiva. Además, es necesario comprender que no siempre tenemos todas las respuestas y acudir si fuera necesario a un profesional de la salud mental puede ser recomendable y suponer un verdadero cambio en tu vida. Conocerte a ti mismo, saber qué es eso que te está afectando y provocando una mala relación con la comida es un camino apasionante con un destino inmejorable: el crecimiento personal y el logro del bienestar.

 

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